Hay una diferencia entre saber que la Treixadura es la uva blanca reina del Ribeiro y ser capaz de recordarlo cuando alguien te lo pregunta en frío. Leer sobre vinos es placentero pero resbaladizo. La trivia fuerza otra cosa: recuperar, no reconocer. Y eso, resulta, es lo que hace que algo se quede.
De ahí nació el juego. No para sustituir ninguna guía ni ninguna cata. Para que el conocimiento que ya tienes se consolide de una forma que no parezca un estudio.
Lo que hay dentro
España tiene más de 70 Denominaciones de Origen vinícolas. Cada una con su carácter, su suelo, sus uvas, su historia. He construido 50 preguntas por DO organizadas en seis territorios:
- Las uvas: variedades autóctonas, sus parentescos, lo que aportan al vino
- La geografía: provincias, ríos, altitudes, orientaciones de ladera
- El proceso: cómo se elabora, cómo envejece, qué técnicas definen a cada zona
- Los tipos: si produce rosados, tintos, generosos, espumosos o todo a la vez
- El terroir: el suelo, el clima, la influencia del Atlántico o el Mediterráneo
- La cultura: historia, hitos, lo que hace singular a cada denominación
Con 29 DOs activas hay más de 1.400 preguntas jugables. Y quedan otras 24 por añadir.
Cómo entra la inteligencia artificial
Aquí es donde la cosa se pone interesante. Generar 50 preguntas rigurosas por denominación —con cuatro opciones plausibles, una pista que no revele la respuesta y tres niveles de dificultad— es un trabajo que combina conocimiento enológico con una capacidad de síntesis enorme. No podría haberlo hecho en tiempo razonable sin ayuda.
Le pedí a Claude —una IA de Anthropic— que generara las preguntas DO por DO, dándole contexto preciso sobre cada zona: el suelo de llicorella del Priorat, el clima oceánico de las Rías Baixas, el sistema de crianza en soleras del Jerez. La IA absorbe ese contexto y construye preguntas que, en su mayoría, son correctas y bien calibradas.
En su mayoría. Antes de publicar cualquier lote, hay revisión humana. Las preguntas ambiguas, las que tienen la respuesta incorrecta o las que son demasiado oscuras para ser útiles, se descartan o se reescriben. La IA acelera. El criterio lo pone quien conoce el vino.
El momento que roza la alquimia
Las imágenes de cada DO las genera también una IA —en este caso Leonardo, entrenada en fotografía de paisajes. Pero no le digo “dame una foto de un viñedo”. Le describo el paisaje concreto: las vides centenarias de Toro sobre arenas francas y clima continental extremo, los bancales volcánicos de Tacoronte con el Teide al fondo, los viñedos en altura de la Sierra de Gredos con niebla atlántica al amanecer.
La IA nunca ha estado en ninguno de esos sitios. Pero cuando el prompt es lo suficientemente preciso, lo que devuelve tiene algo de verdad. No es la foto real del viñedo —es algo más parecido a un sueño bien informado sobre él. Hay denominaciones cuya imagen generada te hace querer visitar el lugar aunque ya lo conozcas. Eso no lo esperaba.
El jugador como guardián de la calidad
La IA se equivoca. El vino es un territorio donde los detalles técnicos importan: una variedad mal atribuida, una fecha incorrecta, un matiz de elaboración que no cuadra. Quien juega y conoce la denominación lo nota antes que nadie.
Por eso el juego tiene un botón discreto en cada pregunta para reportar errores. Cuando alguien lo usa, explica qué falla y el reporte llega a un segundo sistema automático —otro modelo de IA, Gemini— que evalúa si la pregunta tiene realmente un problema o no.
Dos IAs distintas, con criterios distintos, revisando el mismo dato. Y encima el jugador que las auditó a las dos sin saberlo. Es el control de calidad más extraño que he montado, pero funciona.
Lo que revela lo que se falla
Hay preguntas que casi todo el mundo acierta. Y hay preguntas —especialmente las de uvas autóctonas minoritarias— que generan fallos repetidos. La Rufete en Arribes, la Trepat en Conca de Barberà, el Hondarrabi Beltza en el Txakoli. Esos patrones dicen algo útil: dónde están las lagunas reales, las que ninguna lectura casual ha llegado a tapar todavía.
Si quieres probarlo: trivia.bajovelo.com.
Ah, y este post también lo ha escrito una IA. Yo di las instrucciones, marqué el tono, corregí el rumbo. Claude hizo el resto. Como todo lo demás en este proyecto: la batuta es mía, la orquesta es artificial.